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Trayectos

 

Suena por primera vez el despertador 5:00 a.m. Vuelve a sonar, 5:30…

Seis de la mañana suena una vez más y sé que es momento de levantarme. Tomo mi ropa y bajo las escaleras. Al abrir la llave de la regadera sigo bostezando y mis movimientos son aún en cámara lenta. Termino de bañarme y logro por fin despertar. Salgo sigilosamente para evitar el ruido y que se despierten mis cuatro rottweilers para alertar a todos los vecinos que hay un intruso…(mentira: sólo son Chispita -mi pequeña cocker- y Estrellita -una niña rescatada- que hacen el mismo ruido). No lo consigo: se despiertan y mi madre también preguntando si ya estoy listo. Le digo que sí y se ofrece a darme un aventón al metro. Le tomo la palabra y dormito otros diez minutos en el carro.

Abordo el trolebús y me siento el lugar de siempre, el que queda frente a la puerta.

Comienza el recorrido: pasamos por Velódromo y si es lunes o jueves nos toca tianguis; parada forzosa en Mixhuca, pasamos el semáforo y el arco del Pueblo de la Magdalena. Seguimos por el eje y se dejan ver las señoras con sus flores atadas a la espalda por un rebozo (ya estamos en Jamaica). Los murales de las columnas del metro que corre por Congreso de la Unión también están llenos de flores. El trole toma Congreso y luego Avenida del Taller en contraflujo -gracias a eso es tan rápido el trayecto. El bus ya está repleto. Pasamos La Viga y llegando a la colonia Obrera observo el Museo del Juguete Antiguo (que tiene un street art increíble). Del otro lado, en el Mercado Hidalgo, ya están sacando los tanques de gas y los tinacos a la calle. Ya estamos en la Doctores y en varios edificios y casas sigo viendo murales.

El bus está en Cuauhtémoc. Debo de pararme ya pues aunque estoy aún a dos paradas hay bastantes personas que sortear. Justo en el parabús de Cuauhtémoc dos tiendas llaman mi atención: la Floristería (cuyo nombre me parece demasiado hipster) y una más de viniles (que ahora que lo pienso, también es muy hipster) pero que me fascina por su giseo al reproducirse. Pasó Mérida, Córdoba… momento de bajarme. Camino hasta el parque y giro a la izquierda. Doscientos metros más adelante está mi destino. Son diez para las siete y aún queda tiempo para saludar a mis amigos (bastante nuevos, pero buenos amigos) y de paso prender un cigarro. Después de seis meses sigo teniendo esa misma emoción que sentí desde que entré por primera vez a este lugar y supe que había algo especial en él, supe que quería pertenecer a esta comunidad. Desde que cruzas la puerta y admiras su arquitectura y su decoración, el mural de la pared del edificio vecino, o a tus ahora compañeros con sus computadoras en las bancas o sentados en el piso ideando algo, en todo momento te sientes en casa.

Después de casi dos meses de estar fuera, al fin es hora de regresar a seguir cultivándome, a seguir asistiendo todos los días para aprender algo sobre lo que más me gusta, sobre lo que disfruto, sobre lo que me inspira, a seguir haciendo el mayor esfuerzo para poder lograr uno a uno cada uno de los objetivos que me he propuesto y poder cumplir mis metas, para poder continuar con mi trayecto.

Carlos Cardoso

Estudiante de la Licenciatura en Comunicación Visual

2o semestre

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