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Cosas de provecho

¿Qué vas a estudiar? es quizás la pregunta que más he escuchado en mi vida. Desde la secundaría cuando los maestros nos preguntaban cómo nos veíamos en un futuro, yo siempre me pregunté si terminando la universidad tendría que hacer lo mismo durante el resto de mi vida: conseguir un empleo “bien pagado” y tener una vida normal, como la de cualquier persona. Yo nunca me visualicé en esta situación; siempre supe que yo no quería estar sentado detrás de un escritorio con un traje fino y un pisapapeles frente mío.

Pero entonces ¿a qué quería dedicarme?

Ciertamente no lo sabía. Sentía la presión familiar y social del “tienes que estudiar algo de provecho”, “¿por qué no estudias una ingeniería?, son bien pagadas”, escuchaba a mi madre. “Estudia lo que te haga feliz”, decía mi padre. “Yo quiero medicina”, “yo, derecho”, “yo, arquitectura”, escuchaba a mis compañeros. Pero yo no sabía qué quería, no podía saberlo o entenderlo cómo la gente que me rodeaba.

Entrando al nivel medio superior la presión aumentó. Cuando me encontré que tenía que escoger una salida ocupacional, recordé que desde niño me había gustado experimentar con la computadora que teníamos en casa, entrar a paint, jugar con los colores, dibujar, experimentar con las formas… pero informática no se trataba de eso y había una salida ocupacional que se llamaba dibujante de planos arquitectónicos y pensar en lápices y papeles me generaba un poco más de emoción, pero al final no me gustó.

Llegando a mi último año tenía que escoger un dominio profesional. Yo siempre había sido el rarito al que le gustaba ir voluntariamente a las obras de teatro, a los museos y a cualquier evento cultural al que todos iban sólo por un punto extra; iba a cursos de fotografía como hobby e investigaba cómo hacer fotomontajes a las fotos que subían mis amigos, aunque sólo lo veía como una forma de perder el tiempo. Entonces pensé en escoger artes y humanidades, pero era el área que más critican y sin saber aún que hacer de mi vida escogí químico- biológicas. Sentí que había hecho lo correcto, no era malo en esa área, pero por alguna razón no me llenaba por completo.

A unos meses de concluir medio superior decidí buscar escuelas, pero ninguna carrera llamaba mi atención. Me estaba resignando, mi última opción fue una escuela ubicada en la Roma en Plaza Luis Cabrera 9 pero, al igual que todas las anteriores no logró llamar mi atención. Decidí caminar por la colonia (no conocía mucho la zona) y unos metros adelante me tope con la Universidad de la Comunicación. Fue como amor a primera vista: yo no sabía nada acerca de la escuela y decidí preguntar. De todas las licenciaturas que me presentaron, Comunicación Visual me atrapó. Me mostraron el plan de estudios (yo no creía que existiera una carrera con las características que tenía ésta) y después de darme toda la información me invitaron a la Experiencia UC. Creo que desde ese día mi vida cambió por completo: yo estaba seguro que era el lugar indicado para mí y a pesar de que a mi madre y algunos amigos no les convencía mi elección, yo estaba seguro que era donde yo quería estar.

Ahora estoy más feliz que nunca pues estoy una licenciatura multidisciplinaria donde me puedo desenvolver en varios ámbitos, donde puedo diseñar, planear, crear, imaginar, conocer y utilizar herramientas artísticas, medios digitales, teniendo todas las bases teóricas que harán que un trabajo sea mejor estructurado. Ahora entiendo que no era raro el gusto que tenía por las obras de teatro escolares, por los museos y que no eran simples hobbies. Es un estilo de vida que quiero que me acompañe hasta el final de mis días y ahora que estoy en el lugar indicado pretendo aprovecharlo al máximo y predicar la ideología de que las “cosas de provecho” no siempre son las que la gente te dice: hay que seguir tus instintos y tus sentidos, indagar, conocer e informarte. Y cuando encuentres lo adecuado, créeme, lo sabrás.

Eduardo Olvera

Estudiante de la licenciatura en Comunicación Visual

2o semestre

 

 

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